Hoy, mientras comíamos en el Stift, una amiga (Teresa la portuguesa), me ha preguntado que quería hacer el año que viene, el MIR y todo eso... (es que los médicos somos bastante "frickis" en ese aspecto y nos pasamos la vida hablando de lo mismo). Le he contestado que si puede ser, me gustaría quedarme cerca de casa. Y es lo que pensaba hasta que ella ha dicho lo siguiente:
-Hay dos clases de Erasmus: los que salen un año, lo disfrutan, valoran la experiencia y demás, pero luego quieren volver a casa; y los que empiezan y no paran.
La verdad es que durante todo el año me he considerado más del primer grupo. Siempre había tenido la necesidad de salir de casa, de Alcoy, de Valencia... y creía que con este año se me pasaría, viviría lo que necesitaba y volvería a mi querido pueblo, haría 6º, MIR, residencia en Alicante si fuera posible... y en eso he basado decisiones importantes, como irme la primera de todos para arreglar las cosas (aparte de micro), quedarme en Valencia en la CTO en vez de Oviedo que siempre había sido mi ilusión... pero tras hablar de todo esto por millonésima vez, me he dado cuenta de que no es así.
Ahora mismo no tengo ningunas ganas de volver. No es por nada ni por nadie, simplemente no quiero que acabe. Estoy bien, a gusto, hay muchos planes previstos... y en dos semanas se habrá acabado todo para siempre. Para siempre. De aquí en dos semanas vuelta a Alcoy, Valencia, exámenes de micro... un "déjà vu". No quiero. No quiero.
Por eso llevo unos días discutiendo mucho con el señor Pastor. Él tiene unas ganas enormes de verme (y yo a él) pero cuando él llegue aquí significará de verdad que se ha acabado. Es demasiado para asimilarlo. No lo había pensado fríamente todavía, pero creo que, no, estoy segura de que no quiero ser de las que paran, así que la próxima parada va a ser pensar en cómo hacerlo (el no parar me refiero).
Seguiremos informando...
martes, 3 de junio de 2008
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